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2 Responses to “Tuve sed y me dísteis de beber (Mt 25, 35)”

  1. Fernando Vidal comenta:

    En la siguiente imagen una mano limpia un cristal sucio y aparece tras él el icono copto del amigo de Jesús. Abrirnos a lo eterno e infinito de Dios, a su ternura y exigente propuesta, nos pide que limpiemos las ventanas de nuestra casa, las lentes de nuestras gafas, el parabrisas de nuestro coche. Pensemos en la experiencia de conducir cuando tienes el parabrisas sucio, hace tiempo que no lo lavas: la propia suciedad del aire, imperceptible a mera vista, va empolvando el cristal hasta que hace muy difícil conducir y conducirse en la vida. La contaminación, las tormentas, el humo de los demás y el uno propio va enturbiando los cristales de nuestra vida. Hay en nuestra vida una tarea de cristalero, de limpiacristales que busca que se vea la realidad tal cual es. Por otra parte, cuánta imagen de Jesús oculta por la contaminación de los silos, el polvo de los olvidos, la grasa de la rutina. Parte de nuestra tarea es que los demás puedan ver limpia y sin obstáculos el rostro de Cristo en nuestra vida y en la vida de la Iglesia.

  2. Fernando Vidal comenta:

    Como en un canto de Taizé, la frase “Be Water, my friend”, suena como una invitación que nos hace el propio a Cristo, un ruego que nos pide ser agua para el sediento. No agua escondida que no llega ni agua turbulenta que revuelve a quien se le da; no agua turbia que confunde ni agua sucia que no lava; no agua salada que seca ni agua estancada que envenena; sino agua transparente que da luz, agua incolora que no posee, agua insabora que acoge a todos, agua corriente que nos anima a caminar, que sacia. El agua siempre disponible para los pobres, el agua gratuita que corre en las montañas, el agua que mana del costado de Cristo, el agua que Él nos invita a ser para quien esté sediento. Be Water, My Friend!

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